miércoles, 27 de febrero de 2008

DELTA DEL PARANA Territorio, flora y fauna


El delta del Río Paraná en la República Argentina tiene una superficie de aproximadamente 14.000 km² y una extensión de 320 km, nace a la altura del puerto y ciudad de Diamante, provincia de Entre Ríos. Es el único gran delta del mundo que no desemboca en el mar. Se divide en tres grandes regiones: el Delta Superior (desde Diamante, hasta Villa Constitución, provincia de Santa Fe), el Delta Medio (desde Villa Constitución hasta Puerto Ibicuy, provincia de Entre Ríos) y el Delta Inferior o en formación (desde Puerto Ibicuy hasta la desembocadura en el Río de la Plata.
Los principales ríos del Delta del Paraná son el Gutiérrez, el Paraná Bravo, el Sauce, el
Paraná Guazú, el Barca Grande, el Paraná Miní y el Paraná de las Palmas. El río Paraná Guazú, el más caudaloso del Delta, es el límite político entre las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos. A su vez, cada provincia dividió su porción del Delta en secciones y adjudicó la jurisdicción sobre ellas a distintos partidos o departamentos. Así, el Delta bonaerense se divide en 6 secciones que corresponden a los partidos de Tigre, San Fernando, Campana y Zárate.
El Delta del Paraná es, en sentido geográfico, una transición entre la
Mesopotamia (Argentina) y llanura pampeana. Sin embargo, en lo que respecta a su bioma, contrasta con ambas regiones, ya que a pesar de su ubicación meridional, la presencia de grandes espejos de agua produce un microclima que favorece la proliferación de especies animales y vegetales que recuerdan otras latitudes.


Formación del Delta

Las islas del Delta del Paraná deben su existencia a la gran cantidad de
sedimento que acarrea el agua del Paraná. Este sedimento, que es aportado mayormente por el río Bermejo, afluente del Paraguay, es depositado en el estuario conjunto del Paraná y el Uruguay, el Río de la Plata. Los bancos de sedimento son colonizados por juncos, ceibos, pajonales y otras especies que contribuyen con sus raíces a consolidar las islas que posteriormente son colonizadas por otras especies.

Flora

Entre las especies vegetales más comunes se encuentran el
junco, el sauce, el ceibo, el aliso de río, el espinillo, los claveles del aire y las barbas de viejo, así como las plantas acuáticas como camalotes y repollitos de agua.

Peces

En las aguas calmas del Delta encuentran refugio peces como el dorado, el
surubí, el bagre, el patí, la tararira, la boga, el sábalo, el moncholo o bagre de mar, la raya y otras especies que junto con éstas se encuentran al borde de la extinción debido a la pesca furtiva y sin control que se realizan en las islas.

Aves

Hay numerosas especies de aves, como el
zorzal, el biguá, el martín pescador, el benteveo, la calandria, el boyero y la pava de monte.

Fauna

Hasta principios del siglo XX hubo en el Delta jaguares, que dieron su nombre al
río Tigre y al partido homónimo. Han sido cazados hasta su extinción. También los cisnes han desaparecido. En los lugares más apartados de la presencia humana sobreviven todavía algunos ciervos de los pantanos, especie autóctona de color pardo, con patas negras y círculos blancos alrededor de los ojos. Hay allí también carpinchos, coipos, lobitos de río y algunos gatos monteses. Son bastante comunes algunos reptiles y anfibios como culebras, sapos y ranas. El delfín Franciscana (Pontoporia blainvillei), del estuario del río de la Plata, ha sido citado a veces en el delta del Paraná y aun encuanto hay dudas, en el tramo inferior del río Paraná.

Ecología

Las principales amenazas que enfrenta esta región son la
contaminación de las aguas, el endicamiento y rellenado de áreas inundables, la deforestación e introducción de especies exóticas, la sobrepesca y la caza de animales silvestes.
La contaminación por
agroquímicos, aguas cloacales y desechos industriales que se vierten en aguas del Paraná y sus afluentes amenaza la vida silvestre y la provisión de agua potable de las concentraciones urbanas que se encuentran a sus orillas en el corredor urbano Rosario - Buenos Aires - La Plata, donde vive un tercio de la población de la Argentina. Sólo el gran caudal del río y su capacidad de autodepuración han evitado hasta el momento un desastre ecológico mayor. No obstante, los efectos de la actividad humana no dejan de hacerse sentir, sobre todo en las áreas donde es más intensa. Allí es frecuente observar disminución de la calidad del agua, mortandad de peces, erosión del suelo y acumulación de desperdicios.
Dado que es una zona naturalmente inundable y que la dinámica de sus aguas está altamente influenciada por las
mareas, el Delta podría sufrir los efectos de la elevación del nivel del mar causada por el efecto invernadero.
En
1992 se creó el Parque Nacional Pre-Delta, a 5 km de la ciudad de Diamante. Tiene 2.458 ha.
En 2000 la segunda y tercera sección de Islas de San Fernando en el Delta Bonaerese fue declarada Reserva de Biósfera Delta del Paraná por la UNESCO. Tiene una superficie de 10.500
hectáreas y constituye una inmejorable oportunidad de desarrollar los objetivos de conservación ambiental, desarrollo humano y apoyo logístico a la investigación y estudio del ecosistema y potencia las posibilidades de inversión nacional e internacional con proyectos de crecimiento sustentable y la agrupación de la región como referente de cultivos orgánicos y variados modos de producción agro-forestal con certificación de calidad ecológica.

Actividad humana

A partir de mediados del
siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, el Delta tuvo una producción frutícola de importancia que se comercializaba principalmente a través del puerto de frutos, en Tigre. La producción incluía sobre todo cítricos y duraznos. El surgimiento de otras zonas de cultivo de frutales, así como algunas importantes crecidas del río Paraná marcaron su decadencia en este sentido. Se produjo, posteriormente, una tendencia a la concentración de la propiedad de la tierra. La explotación forestal que se desarrolló en forma paralela continúa vigente y hoy es una de las actividades económicas de mayor importancia. Las especies predominantes son el álamo, el sauce y el eucalipto.
El
turismo en el Delta tuvo su época de esplendor a mediados del siglo XX, cuando florecieron recreos y hosterías que congregaban a miles de porteños los fines de semana. Esta actividad, que entró en decadencia hacia la década del '70, experimentó un leve reverdecer con el comienzo del nuevo siglo, aunque todavía no alcanza a igualar su pasado de esplendor.
En el Delta, también se producen tradicionalmente
miel, y objetos de mimbre y junco, como canastos, cortinas y esterillas, que todavía se comercializan en el puerto de frutos.
La 1a sección de islas bonaerenses cuenta con una amplia variedad de hospedajes y actividades para el turista y es un área de esparcimiento para muchos habitantes de la
ciudad de Buenos Aires y sus alrededores.
En sus ríos se practican deportes como el
remo, la navegación a vela y la natación.
Los medios de transporte más comunes son las
lanchas colectivas. Abundan también las canoas y los botes de remo, las lanchas particulares y lanchas taxi.
Las construcciones se ralizan en forma de
palafito, elevadas por sobre el nivel de las crecidas regulares del río.

Estacadas y murallones

Los ríos y arroyos del Delta son naturalmente de aguas calmas, es esto lo que posibilitó la formación de las islas. El tránsito de embarcaciones motorizadas a velocidad excesiva genera un oleaje artificial que degrada progresivamente las orillas, sobre todo cuando se elimina su protección natural de juncos. Los propietarios de terrenos en las islas del Delta ordenan la construcción de estacadas y murallones de madera o cemento para evitar la erosión hidrica del oleaje sobre las orillas. Esta práctica, que resguarda una orilla, devuelve el oleaje hacia la opuesta, que se degrada más rápidamente. En los ríos que se encuentran amurallados en sus dos orillas el oleaje producido por embarcaciones rápidas se multiplica considerablemente, dificultando el tránsito de embarcaciones menores, como botes, canoas, y kayaks. Esos murallones que protegen la orilla de los ríos en el delta del Rio Paraná son llamados "estacadas" por la gente de la zona. Desde hace unos años se comenzó a usar bloques de hormigón, provenientes de demoliciones de edificios y carreteras, y estos "matan", o fragmentan, el rebote de las olas o marejada producida por las embarcaciones, protegiendo la orilla opuesta y no aumentando el oleaje que pone en peligro a las embarcaciones pequeñas. Es de esperar que los vecinos observen esto y elijan los bloques de hormigón.


1 comentario:

Ariadna Coronel dijo...

copiaron y pegaron de wikipedia, patéticos